Comunidades Sostenibles, NO a la periferia.


Por años arrojamos la vivienda social a la periferia de las ciudades, donde la tierra y el valor de la misma era barato, sin importar en lo más mínimo la trama de la ciudad y la

incorporación de todos los estratos en la misma estructura urbana, sino como un

residuo que había que alejar del centro, un residuo que de mercantil no tenía nada, lo que agravó la situación aún más, por un lado, tenías a gente sin escrúpulos lucrando con programas de vivienda pública, generando rentas mayúsculas a inversionistas a costa de la destrucción masiva del tejido social y del equilibrio urbano, y finalmente hemos llegado al fin de esta época, no por convicción sino por inconsciencia.


Claramente se ve que no es posible continuar con un modelo autodestructivo de comunidades enteras, de los recursos naturales más próximos, de la devaluación del arte y mucho más, sacrificando importantes cosas para la humanidad al construir una ciudad.  Este tipo de situaciones nos hacen plantearnos ¿dónde quedaron el arquitecto y el urbanista en todo este tiempo?

Lo que sí sabemos ahora es que los asentamientos irregulares en la periferia son menos

agresivos que los programados por hojas de cálculo y análisis de los retornos de inversión por una razón muy simple, en los primeros se va tejiendo una convivencia de gente afín que los une y se llama migración, generando una necesidad de ayuda del uno con el otro, un sentimiento de igualdad, por el cual tenemos que trabajar juntos para más adelante exigir nuestros derechos; en el segundo, observamos la insensibilidad de meter a una familia de manera programática a una casa lejos de todo, de su barrio, de su gente y de su forma de vida, para estar aún más lejos de su fuente de empleo y, finalmente, teniendo que pagar un crédito con el sudor de su frente a un precio muy alto, y finalmente quedará anclado a este lugar a costa de muchas precariedades en su calidad de vida.


¿En qué momento perdimos la capacidad de entender el magnetismo de las grandes ciudades y de la migración del campo a la ciudad? No lo sabemos a ciencia cierta, pero muchos aprovecharon esta corriente de economía tóxica, logrando allanar el camino para no tener interrupciones y obstáculos por muchos años, hasta que hoy podemos ver y sufrir el resultado de esta gran catástrofe humanitaria.


Todas las condiciones están dadas en este momento histórico democrático de nuestro país para pensar de manera diferente, para darnos cuenta que los caminos del urbanismo rapaz saturaron y están absolutamente deteriorados.


Por otro lado, si aprovechamos las diferentes vertientes que se abren al desarrollar una maniobra de colosal tamaño y observamos cómo impactará a las comunidades, la primera pregunta que debemos plantearnos es ¿se moverán a las capitales de los estados? y de ser así ¿en qué zona de la ciudad capital? Afortunadamente existen numerosas propuestas de vanguardia para comenzar a recomponer el camino, y detectar las mejores acciones para resolver estos problemas.