El salario mínimo


Cuando tienes el reto de vivir con $88.36 al día, comienza la optimización de recursos, según datos oficiales se consume 35.2% en comida, 19.3% en transporte, 12.4% en servicios de educación, 9.5% en gastos de vivienda, energía y combustible, y un 7.4% en cuidado personal 5.9%.

Los artículos de limpieza y cuidados del hogar consumen hasta un 4.6%, ropa y calzado 2.9%, cuidados para la salud 2.7% .

Curiosamente el costo de la canasta básica es mayor al ingreso diario y cuando a esto le agregamos la aspiración y anhelo de comprar una casa, la situación se vuelve mucho peor, considerando que en la propia normatividad la tasa del costo de una casa en salarios mínimos es la siguiente: casa de denominada Economía de 30 m2, es equivalente a 118 salarios mínimos, la casa popular de 42.5 m2 es equivalente a 200 salarios mínimos, y la tradicional de 62.5 m2 es equivalente a 350 salarios mínimos.

Si tomamos el caso de la vivienda económica, una persona que no gasta absolutamente un quinto en otra cosa que no fuera el pago de la vivienda, tardaría en promedio 9.83 años para poder liquidar su deuda.

De acuerdo al análisis y distribución del gasto, esta misma persona nada más le quedan libres $100.66  al mes por lo que el tiempo se amplía a 16.65 años. Para fines de este ejercicio estamos despreciado el costo financiero que representaría mantener una deuda durante 16 años, así como el aporte patronal que en todo caso solamente aplica a las personas que se encuentran en empleos formales.

Probablemente es momento de pensar en que el costo de la vivienda primero no puede estar tasado en salarios mínimos y mucho menos con esas proyecciones de largo plazo, donde la persona queda anclada la mayor parte de su vida al pago de una vivienda que al cabo del plazo seguramente las condiciones familiares, las condiciones del barrio y en general todo el contexto habrá cambiado radicalmente.

Quizá el ejercicio utópico de plantear una vivienda de un costo de $150,000 que son $216,964 menos que el equivalente a los 118 salarios mínimos que caracterizan a la vivienda económica. De entrada, la distancia se acorta el 52% del tiempo y del costo que para una persona significa la diferencia entre elegir en qué gastar y qué hacer con su tiempo, a quedar anclado a una cuota de pago de un inmueble que tiene todo por delante para ser sencillamente abandonado.


Ahora bien, imaginando que esta vivienda  existiera a tal costo, no dejaría de ser un reto para los creativos de este país, por esta razón, tiene que contar con un sentido de comunidad y de urbanismo que viene a la par de este esfuerzo.

Esto quiere decir que la vivienda por sí misma no es capaz de arreglar el problema de la vivienda económica, sino la suma de varios componentes, para este fin utilizamos a los cultivos como metáfora, ya que sin importar la fuerza y la sofisticación de una semilla, si ésta cae en un terreno árido, de la misma forma que en un suelo fértil, no podrá hacer que una semilla podrida germine para convertirse en una planta que de frutos o verduras sanos.

La respuesta se encuentra alrededor de una audaz arquitectónica que permita resolver a un costo casi impensable de $150,000 una vivienda de 30 a 40 m2, que a su vez sea implementada bajo un esquema de comunidad sostenible, es decir, con acceso a fuentes de empleo sin necesidad de uso de transporte, con uso de energías renovables, con capacidad de producir alimentos para la propia comunidad, con un máximo aprovechamiento del agua y con un plan de no producción de desperdicios, todo esto será posible cuando desde la capacidad creativa de las diferentes disciplinas en la construcción y diseño industrial, se haga equipo con los ayuntamientos y ¿por qué no? elevarlo a nivel de normatividad federal, convirtiéndose en una política que permita empezar a invertir y atender este problema de manera ordenada, coherente y masiva, ya que por más que existan normatividades, las personas siguen atados a una deuda de 30 años que les permita tener la seguridad de ofrecer un techo a su familia, sin esperar respuestas positivas ante su situación.

Una vez más, la solución se encuentra en la unión de nuestra sociedad, en el interés legítimo de nuestras autoridades y representantes, pero sobre todo, en la elección de construir un presente sustentable para lograr comunidades más felices.